La escritura juega un rol
fundamental en los estudios de posgrado, por un lado, puede determinar la
finalización exitosa de los mismos, pues hay que escribir una tesis, un estudio
de caso, un informe, en suma, un trabajo escrito para la obtención de grado;
por otra parte, durante el transcurso de los estudios, su práctica no sólo es
un requisito de evaluación y evidencia, sino una demostración indisoluble de la
adquisición y elaboración de conocimientos disciplinares. Por ello ingresar a
un programa formativo de este nivel conlleva para muchos, transitar de una
comunidad laboral y profesional a una comunidad académica y disciplinar. Lo
anterior, implica entre otras cosas, reconfigurar nuestra identidad para
participar en este universo que tiene sus formas particulares de transmisión,
intercambio, colaboración y, sobre todo, posee convenciones discursivas y
académicas específicas en cada área del conocimiento.
Dicho
de otro modo, aquél que ingresa a un programa de maestría, mediante su
participación progresiva, tendrá que aprender a interpretar primero, para
producir después, el discurso particular y especializado de cada área formativa
, distinto quizás a otros de las cuales es, o ha sido parte. Sólo la práctica
activa, analítica y consciente de los modos particulares de leer y escribir en
el posgrado, le permitirán insertarse en el mismo. De esta manera, los
estudiantes desarrollaran una nueva identidad académica y profesional, un
sentido esencial por el cual muchos deciden cursar estudios de posgrado.
El estudiante que ingresa a un
programa de este naturaleza, debe tener en claro que las prácticas de escritura
no constituyen solo una instancia de evaluación, ni desempeñan exclusivamente
una función transmisora, sino que el proceso escritural acompaña de manera
intrínseca a la elaboración del conocimiento. Este valor epistémico estará
presente en las prácticas de escritura de gran complejidad que tendrá que
asumir durante sus estudios. Es decir, cuando realice trabajos finales en sus
seminarios y talleres, o bien, en la propia redacción de su proyecto de
titulación; que aunque en la mayoría de los casos no es una tesis, sí implica
una reflexión profunda y una investigación de carácter académico que la
escritura debe evidenciar.
Ahora bien, para que un recién
ingresante al posgrado aprehenda todas
las potencialidades epistémicas de la escritura necesariamente deberá primero
resolver los aspectos relativos a la retórica; es decir, deberá poseer conocimiento
de los géneros específicos que circulan a este nivel y las convenciones y
características propias de estos medios enunciativos.
En suma, la producción escrita en
el posgrado implica asumir un cambio muy marcado en el rol del escritor. El
estudiante en este nivel pasa de haber ejercido como alumno de grado un rol
preponderante como lector especializado, como receptor activo y crítico de los
nuevos conocimientos que a lo largo de su formación fue integrando y
sistematizando, a ser un productor de nuevos conocimientos y a iniciar la
construcción de un espacio propio en el campo intelectual/disciplinar (Pereira,
2007).